Otoño en el Alma

Este tiempo de otoño, nos regala una nueva oportunidad de renovar el alma.
La naturaleza se va desprendiendo de lo externo, de lo accesorio, para adentrarse al invierno. Va guardando su savia en las raíces. 
Las hormigas, las abejas y las ardillas están terminando de acumular sus reservas para sobrevivir la estación del frío. 
Hemos aprendido a desprendernos de lo que no necesitamos para pasar el invierno del Alma?
Hemos sabido guardar la chispa divina de la fe, que es la savia que nos alimenta, en las noches oscuras del ser?
Hemos sido capaces de ir acumulando vivencias gratas, que nos sepan cobijar, en los tiempos de soledad y frío?
Estamos a tiempo de aprender lo que aún no logramos. 
Que este tiempo de otoño tengamos la alegría de sabernos preparados para reencontrarnos en soledad. 
Que nuestro ensimismamiento sea fecundo al tiempo de la primavera.

Cuando el peligro nos asecha



















En la vida hay momentos donde el peligro nos asecha viéndonos la espalda, esperando el instante preciso para dar su zarpazo.

Estamos tranquilos observando lo que nos entretiene, lo que nos sorprende, lo que nos ocupa.

No vemos ni sentimos el león que tenemos a unos pasos, estudiando el modo más certero de darnos el golpe.

Solo Dios puede librarnos de semejante ataque.
Solo El puede atenuar las heridas cuando pasa.
Solo El es capaz de consolarnos cuando no supimos escuchar.

Un amigo me recordó la historia del profeta Daniel atrapado en una cueva de ladrones hambrientos, preguntándome por que no tener hoy esa fe?

Es una gran verdad. En la fe y en la Esperanza en Dios tenemos nuestro mayor protección y refugio.